El Dios en el Cuenco

Parte I

Robert Howard


Nos encontramos en Numalia, una cuidad de Nemedia, en un museo que es un enorme edificio con salas y galerías donde se guardan objetos de alto valor y variopinta rareza traídos de todos los rincones del mundo.


Esta historia comienza con Arus, el guardia nocturno del museo, quien hacía su ronda por las instalaciones portando su ballesta por si se encontraba con algo desagradable como un ladrón por ejemplo, al momento en que se detuvo en un amplio corredor iluminado por velas ante un cadáver que yacía en el suelo. Arus llevaba meses trabajando allí, y sus jornadas eran aburridas, nunca sucedía nada anómalo, lo cual era un trabajo ideal, pero aquella noche se encontró con su primera novedad. El rostro del cadáver estaba ennegrecido, los ojos salidos de sus órbitas, y de su boca abierta sobresalía su lengua, pero pese a lo deformado del cadáver, Arus reconoció claramente que se trataba de ni más ni menos que de Kallian Publico, su jefe, el dueño del museo. Y tras superar su sorpresa, se preguntó mirando las joyas que llevaba puestas Kallian, “suponiendo que el asesino era un ladrón”, el porqué este no se las llevó, cuando sufrió un sobresalto al correrse una cortina, apareciendo un joven alto de aspecto amenazante y de negros cabellos y ojos azules y con una espada que colgaba a su costado en una vaina de cuero.


Arus apuntó al desconocido con su ballesta, le hubiese disparado sin mediar palabra, pero temiendo a lo que ese desconocido le haría si fallaba, prefirió no disparar. El desconocido miró con más curiosidad que sorpresa al cadáver. Ante lo cual Arus consultó: “¿Por qué lo has matado?” “No lo he matado”. Respondió el desconocido. Agregando la pregunta de: “¿Quién es?” “Kallian Publico, el dueño de este museo”. Contestó Arus. Y acto seguido el guardia retrocedió hasta la pared, y tiró de una cuerda que allí colgaba, la cual conectaba con una campana que había en la calle, un ingenioso método de alarma. Arus comenzó a apuntar entonces al pecho del intruso con la ballesta para contenerlo. Y le dijo: “No te muevas o disparo”. Y el tenso momento de Conan dudando entre si matar al guardia o no y de Arus dudando entre si disparar o no, se rompió con la llagada abrupta de seis hombres, cinco de ellos con uniformes y espadas cortas en el cinto y alabardas en las manos, y el sexto hombre no llevaba uniforme pero parecía ser el jefe de los uniformados. Y la rapidez de su llegada, se debió a que justo esos guardias hacían una ronda, y pasaban fuera del templo cuando sonó la campana. Iniciándose en ese modo un diálogo en torno al cadáver. “¿Qué ha sucedido?” Preguntó el jefe de los guardias cuyo nombre era Demetrio. Pregunta ante la cual Arus le explicó que hacía él su ronda de todas las noches por las instalaciones, cuando encontró el cadáver de Kallian Publico allí, y a su asesino, apuntando al cimmerio.


Demetrio era el jefe del consejo inquisitorial de Numalia, un cargo equivalente a lo que en la actualidad sería un juez y un jefe de la policía pero en una sola persona. Y llamó su atención que las joyas del cadáver no hubieran sido robadas, y respecto al sospechoso, lo miró, y le preguntó su identidad.


Conan se presentó por su nombre y procedencia, Cimmeria, y dijo no ser el asesino, estando perplejo ante la situación, pues era un bárbaro del Norte no habituado a los procederes de gentes civilizadas. Dionus por su parte, quien era el guardias de mayor rango, al contrario de Demetrio, no veía en Conan a un sospechoso, sino a un asesino sorprendido in fraganti en el acto de su crimen, por lo cual propuso llevarlo a los tribunales para torturarlo hasta que confesara, ante lo cual Conan dijo que enviaría a reunirse con sus ancestros a quien se atreviera a acercársele. Demetrio por su parte apaciguó la situación, consultando al cimmerio si no vino al museo a matar a Kallian, a qué vino, contestando Conan que a robar. Y ante la lógica siguiente consulta de Demetrio: “¿A robar qué?” Contestó Conan luego de vacilar en sus pensamientos un momento: “Comida”. En ese momento la situación casi se descontroló, pues tras decir Demetrio que en el templo no hay comida, Conan acercó su mano a la empuñadura, diciendo que no se entregaría y que estaba dispuesto a defenderse. Y mientras los guardias esperaban la orden de atacar, y el cimmerio esperaba un movimiento hostil de los guardias para desenvainar, Demetrio volvió a apaciguar la situación, diciéndole a Conan que no estaba acusado de matar a Kallian, aún, pero las circunstancias no le favorecían, pues fue encontrado en el lugar del crimen. Consultando seguido: “¿Cómo entraste aquí?” Dijo Conan que trepó por el muro, a lo cual Arus dijo que eso no era posible ya que las paredes externas eran lisas, pero Demetrio, conocedor de las culturas y características de los pueblos del mundo, dijo que los cimmerios son conocidos como buenos escaladores, así que le dijo a Conan que continuara. Prosiguió el cimmerio diciendo que rompió el cerrojo de una portezuela en el techo, y entró, y al comenzar a recoger el lugar al mover una cortina, “apuntándola”, se encontró con aquel cadáver, “apuñalándolo”. Le preguntaron cómo conocía tan bien las instalaciones, Conan guardó silencio. Y Dionus agregó la consulta: “¿Y por qué mataste a Kallian?” Y ante el silencio de Conan. Dijo Dionus: “¡Detenedlo, antes del alba confesará su crimen por tortura!” Ante lo cual el cimmerio desenvainó y se puso en postura de combate, y reiteró que mataría a quien se le acercara.


Volvió Demetrio a tranquilizar la situación, diciéndole a los guardias que se calmaran pero que permanecieran en alerta, y a Conan le dijo que no intentara escapar, acercándose entonces al cadáver, detectando que este fue estrangulado. Y preguntándose en consecuencia a sí mismo: “¿Si fue Conan, por qué mejor no lo mató con su espada, hubiese sido aquello más rápido y eficaz que estrangularlo?” Se agachó acto seguido a tocar el cuello del cadáver, constatando que no lo estrangularon con manos, sino con una soga que debía ser bastante gruesa, y calculó que hace alrededor de media hora. Luego se puso en pie, e indicando un busto caído de su pedestal y una cortina arrancada y arañazos en el suelo, dijo que Kallian debió ser atacado en la habitación de la cortina arrancada, y se arrastró por el camino de arañazos, y murió allí…




Resumen de Alberto Salgado.