Resumen de Calaveras en las Estrellas
Parte I
Robert Howard
Dos caminos conducen a Torkertown, la ruta más corta y directa atraviesa un páramo elevado y árido, y la otra que es más larga pasa por un pantano que circunda unas colinas. Solomon Kane iba por el camino del páramo, cuando se detuvo al percibir que un joven lo seguía quien le imploró tomara el camino del pantano ya que era más seguro, o que volviera a la aldea y retomara el camino en la mañana. Y continuó el joven con que no hay ninguna casa en el páramo, en cambio en el pantano está la casa del viejo Ezra, quien vive sólo desde que su primo Gideón se perdió en el pantano, y agregó que el viejo Ezra, aunque avaro y huraño, no le negaría hospitalidad si se la pidiera ante algún inconveniente en el camino.
Debido a la insistencia del joven, consultó Kane cuál era la amenaza en el páramo, a lo cual dijo el joven que ese camino estaba maldito, ya que muchos que lo han recorrido de noche murieron víctimas de un horror oculto que ahí habita. Sin embargo las palabras del joven causaron en el puritano el efecto contrario de amedrentarlo, ya que al escuchar eso la pasión por la aventura y el arriesgar la vida luchando contra el mal, lo conllevó a decidir ir a enfrentar la amenaza del abismo como un paladín de Dios. El joven lo intentó una vez más, diciendo que el estado de los cadáveres de las victimas encontradas era terrible ya que habían sido hallados despedazados, pero Kane no dijo más, y prosiguió su camino con resolución.
El Sol ya se ponía, y Solomon Kane caminaba en alerta mientras caían las sombras, con las pistolas cargadas y listo para desenvainar su espada ante cualquier amenaza, cuando al poco después ante la luz de la Luna, desde algún lugar adelante sonó un eco, ante el cual de primeras Kane se cuestionó si era una falla en sus sentidos, pero al volver a escuchar más claramente una risa adelante, una sin alegría que no parecía humana y cargada de odio seguida por un alarido humano, comprendió que efectivamente algo anómalo sucedía en algún lugar próximo adelante en el camino.
Corrió ente esa situación pensando que alguien estaba siendo atacado, pues los alaridos a cada instante sonaban más intensos junto a otros sonidos espantosos e incatalogables. Con las oscuras sombras de los páramos el paisaje parecía una bruma borrosa de espejismos, sus oídos le indicaban que algo sucedía cerca, una lucha seguramente, pero sus ojos no podían ver dónde, y es que pese a la noche estar despejada, frente a él tenía una bruma focalizada que no parecía ser natural. Momento en que una sombra espantosa emergió entre la bruma, junto a una silueta humana cubierta de sangre que se arrastró a sus pies, la cual al levantar su mirada, gimió, y murió ahogado en su propia sangre. Tras agacharse a revisar el cadáver sintió que no estaba solo, sacó una pistola, y vio que la sombra adelante comenzó a tomar forma y vislumbró dos ojos insanos. No comprendía Kane cómo un ser etério como ese podía dañar a un hombre, asumiendo que aquel ser asesinó al desgraciado que yacía a sus pies, cuando el ser abrió lo que parecía ser una boca desde donde emitió un ruido que lo hizo estremecer el cual parecía ser una risa. Ante la amenaza Kane disparó su pistola, y el tiro fue certero, pero no le causó daño alguno al ser que lo atacó abalanzándose sobre él, intertanto en que desenfundó su otra pistola y disparó obteniendo el mismo resultado, acto seguido desenvainó su espada y atravesó al ser cuando llegó a su ubicación, pero esta no encontró resistencia sólida, mientras el ser por su parte comenzó a rasgar sus ropas y hacerle heridas con algo equivalente a garras de sus extremidades. Kane era un guerrero implacable, pero no podía luchar contra ese ser etério sin anatomía fija del cual parecía que lo único sólido eran esas garras o zarpas, aunque, lo último es una interpretación perceptiva del ataque recibido, pues la entidad no tenía en realidad al igual que un cuerpo, extremidades, sin embargo pese a las heridas que el ser le infringía, Kane no paraba de luchar contra ese ser con su espada aunque no pudiera hacerle daño, hasta que percibió que paulatinamente la entidad comenzó a ceder y sus alaridos a cobrar un tono más de furia, pues el ser también se estaba dando cuenta que los ataques con sus extremidades a cada instante se tornaban más débiles debido a que ese humano no le temía, como, si aquel detalle disminuyera su invulnerabilidad, o dicho al revés, como si el valor lo debilitara. Hasta que al fin Kane lo pudo aferrar, pues sin constituirse en un cuerpo, la entidad adquirió sustancia sólida, instancia en que, aunque cuando sin lenguaje, mientras forcejeaban, entre gritos y gemidos el espectro, en un ejercicio de transmisión psíquica de la entidad y en un ejercicio de recepción instintiva del puritano, le dio a entender el ser su gran secreto…

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