Resumen de La Piedra Negra
Parte IV
Robert Howard
Despertó al amanecer, y se levantó de un sobresalto al recordar lo que vio durante la noche, pero al otear no vio a nadie, ni a la gente ni al monstruo, asà que fue al montÃculo para inspeccionar el lugar, y comprobó que no habÃa restos de sangre de los sacrificios ni huellas de pisadas de los sectarios, ante lo cual se preguntó si habrÃa sido un sueño o una alucinación, pero tuvo dudas, pues lo que vio fue una escena demasiado vivida y nÃtida como para no ser real. Volvió entonces al pueblo sumido en preguntas sin respuesta, y en la taberna intentó ordenar las cosas en su mente, cuando se acordó de algo que discutió con el conductor que lo llevó hasta ahÃ, y también con el profesor de la escuela local acerca de Solimán el MagnÃfico.
DOS NOMBRES IMPORTANTES
- Boris Vladinoff: LÃder europeo en la defensa ante la invasión turca.
- Selim Bahadur: Cronista y comandante turco en la campaña de invasión.
Debido al exterminio de los locales, todo lo que se sabe sobre el paso del ejército turco por la región, se conoce por lo redactado en las crónicas de Selim Bahadur. Y recuerda que tras la muerte de Bahadur en combate, el conde Vladinoff, defensor de los territorios que hoy son Polonia y HungrÃa, se hizo con sus pertenecÃas, las cuales lo desestabilizaron por un horrido secreto que guardaban, y al fallecer el conde sus restos fueron enterrados junto a lo que extrajo del cadáver de Bahadur cerca de Xuthltan, o sea, Stregoicavar.
Decidió entonces ir a exhumar la tumba del conde Vladinoff en busca de aquello que lo desestabilizó, tres dÃas tardó en llegar, y esperó a que anocheciera para acercarse a la tumba de modo discreto. Excavó durante horas, y cuando al fin estuvo ante los huesos del conde Vladinoff, vio un estuche a su lado, pero estaba amaneciendo en ese momento asà que temiendo a que alguien lo viera, tomó el estuche y huyó del lugar.
Tres dÃas después, de vuelta en Stregoicavar, en la privacidad del cuarto donde se alojaba al revisar el contenido del estuche, encontró un pergamino relativamente intacto, amarillento, que envolvÃa un pequeño objeto cubierto por un trozo de seda. Pero pese su deseo de revisar el botÃn, estaba demasiado cansado esa mañana por el esfuerzo del viaje, asà que tuvo que dormir, y al despertar aquella noche luego de cenar a la luz de una vela se sentó a leer. Eran caracteres turcos, y él no manejaba ese idioma al completo, pero consiguió descifrar las palabras conociendo de ese modo una información espantosa que heló sus venas. Y al desenvolver el objeto, comprobó que ahà estaba la prueba de que lo escrito en el pergamino era real, asà que devolvió los objetos al estuche, le puso una piedra pesada dentro, y lo arrojó al Danubio para que se hundiera.
En la actualidad, no entiende cómo no perdió el juicio tras ver lo que vio en La Piedra Negra la noche del 24 de junio, y cree que aquello fue la visión de algo ocurrido hace siglos, antes de la invasión turca, y que ese ser monstruoso efectivamente habitó alguna vez en esa región.
El pergamino relataba que los turcos tuvieron contacto con una criatura la cual mató a muchos bravos guerreros, pero que consiguieron hacerla retroceder acorralándola en su guarida. Un sabio les dijo entonces que aquel monstruo no podÃa morir con acero convencional, sino que debÃan utilizar armas especiales, compuestas por un acero bendito hace siglos por el mismÃsimo Mahoma y forjado con antiguos conjuros que eran viejos cuando arabia era joven. Los turcos hicieron caso al consejo del sabio, y fueron a buscar al monstruo con esas armas especiales entablando un combate sin cuartel, en el cual diez de los mejores guerreros turcos murieron antes que el monstruo cayera abatido. Ese era el contenido del manuscrito, y en un apartado se decÃa que después de la escaramuza contra los locales, barbaros infieles que adoraban a aquel monstruo como su dios, un Ãdolo pequeño fue extraÃdo de una cadena, que colgaba del cuello del cadáver de un hombre alto y corpulento vestido con pieles de animal y una mascada de lobo. Y la figura del estuche era aquella, la representación del monstruo, un humanoide con rasgos de sapo. A todo esto, luego de acabar con el monstruo y exterminar a los locales que lo adoraban, fueron los turcos a enfrentarse al cristiano ejército liderado por el conde Vladinoff. Y con el pergamino, también confirmó las pesadillas que tenÃa el nieto del tabernero, pues estaba escrito que el monstruo vivÃa en una edificación negra de la cual su entrada estaba en la base, y que tras matar al monstruo y derrotar a los locales en batalla, dejaron el cadáver ahà y comenzaron a mover grandes cantidades de tierra para tapar la edificación, pero dejaron la punta descubierta para marcar el punto exacto donde yacÃa ese espantoso cadáver infernal, y eso era La Piedra Negra entonces, la punta que los turcos dejaron descubierta de la guarida del monstruo.
Perturbador fue su viaje a HungrÃa, donde conoció de la existencia hasta al menos cuatrocientos años atrás, de un ser superviviente de una especie que existÃa desde antes del nacimiento de la humanidad. Ante lo cual se pregunta: ¿Habrá otros?… Por ejemplo, de qué murió Von Junzt, marcas de garras inhumanas en su cuello. En consecuencia termina concluyendo que en las tinieblas del mundo debe haber innumerables… horrores ocultos.

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